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Vamos a desmontar varios mitos y leyendas urbanas que se han hecho populares sobre el pan en la dieta:

Seguro que más de una vez has oído eso de que el pan engorda o que es lo primero que debes quitar de la dieta cuando quieres adelgazar. O puede que incluso tú hayas podido pronunciar la frase. Pues bien, esta creencia es errónea. El pan apenas contiene grasa por sí mismo. De hecho, estudios apoyan que cualquier persona sana y que practique algo de ejercicio podría consumir hasta 400 gramos de pan sin que ninguno de ellos se convirtiera en grasa. Esto es algo en lo que también coinciden los doctores Lluis Serra e Inmaculada Bautista, miembros del Grupo de Investigación en Nutrición de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Su estudio Influencia del consumo de pan en el estado ponderal: revisión sistemática demostró que no existe ninguna relación directa entre el sobrepeso o la obesidad con el consumo de pan en sí mismo. Es importante saber que es lo que acompaña a este pan (embutido, queso, chocolate, etc.) lo que contiene un alto nivel calórico y de los que se abusa en la mayoría de casos. Sin embargo, un bocadillo de este tipo puede ser una buena elección como parte de la alimentación diaria. Lo importante, es que siempre se guarde cierta proporción y límites en cuanto a tamaño e ingredientes para que no resulte un alimento muy pesado.

Otro de los mitos que seguro habrás escuchado en más de una ocasión es que la miga engorda más que la corteza del pan. Esta creencia, notablemente generalizada, también es falsa. La única diferencia entre la corteza y la miga es el proceso de tostado al que se somete cada una, donde la corteza se deshidrata más al eliminarse el agua de su composición, pero los ingredientes son los mismos. Y, de hecho, si comparamos ambas partes en igualdad de peso, es la corteza la que presenta mayor nivel calórico ya que la miga posee un contenido de agua más alto.

Tampoco es cierto que el pan tostado sea más hipocalórico que su versión en rebanada fresca. Diversos estudios científicos también aseguran que un pan fresco y la misma rebanada tostada tienen exactamente las mismas calorías. Lo único cierto en este tipo de preparación del pan es que si éste es tostado y elaborado, ya sea como tostas o biscotes sí que puede contener un mayor valor calórico que la misma cantidad fresca, ya que las grasas y los azúcares añadidos así como la cantidad de agua que se pierde en su proceso de cocción hacen que el mismo peso contenga un mayor valor energético.

Y si pensabas que el pan integral era la solución definitiva para no engordar, también estabas equivocad@. Pero en este caso, al menos solo parcialmente. Ya que lo que hace que pensemos esto sí que tiene base científica. El mayor contenido en fibra del pan integral y su bajo índice glucémico ayudan a que se consiga una sensación de saciedad mucho antes que comiendo pan fresco o tostado, con el consecuente retraso en la aparición de sensación de hambre a lo largo del día. Pero en igualdad de peso y en lo que se refiere a calorías, aportan los mismos valores.