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¿Por qué el pan en la dieta diaria? Contrariamente a las críticas sin fundamento, el pan es un componente esencial en la dieta mediterránea, y difícilmente puede ser causante de los falsos males que se le achacan sino al contrario. Está incluido dentro de los alimentos recomendados que deben constituir la base de nuestra alimentación diaria.

El componente principal del pan es el almidón, hidrato de carbono complejo, aunque también es fuente de fibra, proteínas, hierro, zinc y vitaminas B1 y B2, estando prácticamente libre de grasas.
El pan en la dieta aporta la energía necesaria para la actividad de nuestro organismo, y dado su poder saciante hace que podamos estar entre tres y cuatro horas sin necesidad de ingerir nuevos alimentos; esto además contribuye a la lucha contra la obesidad, concepto este muy confundido entre una serie de, llamémosles “dietistas de efecto rápido”, que no lo acaban de entender. Está demostrado que su ingesta, sobre todo por la mañana, mejora tanto el rendimiento en la atención de los niños en edad escolar, como el de los trabajadores en el desempeño de cualquier actividad económica.

Semillas para panes especiales, Grupo HaricanaEntonces, ¿por qué pasarse a los panes especiales?
Pues muy sencillo, porque mantienen las propiedades del pan blanco, pero además por lo general mejoran su valor nutritivo y aportan propiedades importantes para la salud.

Así, a las propiedades nutricionales del trigo podemos sumar las propias de otros cereales como el centeno, la avena, la cebada, el millo, el trigo sarraceno, el arroz o la soja; o las de una gran variedad de semillas como la linaza, el sésamo, las pipas de girasol, la amapola, etc.
Las mezclas de sus fibras, granos enteros o granos partidos, aportan una gran variedad de ventajas para la salud como pueden ser la prevención de las enfermedades cardiacas y del cáncer de colon, la mejora de tránsito intestinal, la prevención de la anemia y las diarreas, y además facilitan los regímenes de adelgazamiento por su contribución a la sensación de saciedad que aportan.
Además enriquecen y mejoran el sabor de los panes por la adición que suelen llevar de harinas tostadas de diversos cereales, de masas madres o de gérmenes desvitalizados.
Y por lo general sus acabados tanto visuales como sus texturas mejoran, dando lugar a panes de gran vistosidad apetitosos y en muchos casos crujientes por sus coberturas con semillas o granos.